Un día de mala suerte y el ingenio creativo condujeron al estadounidense Frank McNamara, a la creación de una nueva forma de consumo a finales de la década de los años 40.

En 1949, McNamara cenaba con un socio de negocios en uno de los restaurantes de Manhattan y en el momento de cancelar la cuenta, como relata el episodio que se conoce como ‘The First Supper’ o ‘La primera cena’-, se percató de que no llevaba dinero.

Su esposa lo rescató al acudir con efectivo al establecimiento, pero para McNamara el bochorno fue el germen de una idea innovadora: usar un mecanismo de pago a crédito en restaurantes que el ejecutivo bautizó como Diners Club.

Frank McNamara, iconico creador de Diners Club

Para la época, solo clientes habituales de grandes almacenes o compañías petroleras comercializadoras de combustible tenían placas para cargos por consumo -similares a las de identificación militar- o ‘tarjetas de cortesía’ para compras a crédito y los restaurantes sólo funcionaban con cuentas de crédito para comensales frecuentes.

Cierto o fantaseado, el suceso en el restaurante de Manhattan no desvirtúa la contribución real de Frank McNamara a la forma cómo la sociedad consume hoy en día a nivel global: el destacado ejecutivo de Hamilton Credit Corporation propuso a dos de sus amigos, Alfred Bloomingdale y Ralph Schneider, no solamente la implementación de las tarjetas de crédito en los restaurantes sino, además, el cobro de un interés a los pagos mensuales.

Había entonces dado inicio a una nueva industria; a un negocio con el que obtenía ganancias por cada tarjeta que se entregaba. Para inicios de los años 50, un artículo de la revista Time contaba que Diners Club tenía ya unos 42 mil miembros y trabajaba con 330 establecimientos de los Estados Unidos; los miembros del club pagaban tres dólares al año por los servicios de la tarjeta y una tasa de interés del siete por ciento por cada consumo a crédito.

Para 1955, el éxito de la propuesta de McNamara había sido confirmado a través de la creación de iniciativas similares. A Diners Club le siguieron Trip Charge, Golden Key, Gourmet Club, Esquire Club y Carte Blanche: empresas o iniciativas que ofrecían a los consumidores los beneficios de una forma de consumo que se resume en la frase ‘Charge it, please’.

Y aunque McNamara vendió Diners Club en 1953 a sus socios Bloomingdale y Schneider por 200 mil dólares, migrando al negocio de los bienes raíces, su propuesta fue el germen de la tarjeta de crédito tal y como la conocemos actualmente: un medio de pago con el que se puede consumir en diferentes ciudades o países, que suplanta al dinero en efectivo, pospone el pago y que es aceptado casi universalmente por todos los negocios.

Como si fuera una predicción, Bloomingdale afirmó en 1960 –según la publicación ‘Credit Card America’ de Nancy Shepherdson- que a futuro “solo habrá dos clases de personas: las que tienen tarjetas de crédito y las que no pueden obtenerlas”. Frase que sin duda anunció por anticipado el valor global de la tarjeta de crédito y reconoció el aporte de Frank McNamara.

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